Habla Señor que tu siervo escucha
En vísperas de una batalla Balaán cae en éxtasis y Dios hablará por su boca. Es el ejemplo del hombre que deja que el Señor penetre en su alma y se convierte en su instrumento. Y así deberíamos ser nosotros, como los antiguos profetas. Ellos no actuaban por sí mismos, no eran "adivinos" ni nada parecido, sencillamente estaban al servicio de Dios, cumplían su voluntad. Sin duda eran hombres sabios, rectos, de corazón limpio; muy posiblemente habían leído las Escrituras, muchos estaban al servicio del templo pero eran dóciles a la voluntad de Dios, y Él se servía de ellos para hablar al pueblo.
Cuántas veces nosotros nos hemos sentido llamados por el Señor y hemos vuelto la cara...: Se nos ha pedido que hagamos un servicio a la comunidad y hemos puesto excusas. Nos hemos encontrado en situaciones donde podíamos ser útiles a los demás y hemos vuelto la cara. Hemos sentido que Dios nos indicaba un camino y hemos tomado otro. En esos momentos deberíamos ser dóciles como el barro en las manos del alfarero y dejarnos modelar, abrir nuestra alma para que el Padre penetre en ella y se haga en nosotros su voluntad como cada día pedimos en el Padre Nuestro.
Al igual que Balaán así nosotros: con el corazón abierto a Dios para ser sus instrumentos en la tierra y propagar el Evangelio por medio de las palabras y los hechos.
A veces es mejor callar ante las cosas de Dios
Cuestionar a Cristo tiene sus consecuencias. A primera vista la actitud de los sacerdotes y los ancianos nos puede parecer infantil, es como si dijeran "vamos a poner a éste en un apuro y el pueblo estará con nosotros". Ellos se creían superiores a todos pero Jesús, que lee en nuestras almas, les puso en su lugar. Es inútil cuestionar las cosas de Dios.
Imagina por un momento la escena: Jesús hablando a la gente, predicando la Buena Nueva, enseñando en el Amor, y de repente se acercan los sacerdotes y los ancianos con intenciones oscuras porque lo que aquel hombre de Nazaret dice les resulta molesto, les rompe los esquemas. Y de ahí la pregunta: si tú no vienes de nuestra parte, si no eres de la casta sacerdotal, si no perteneces a la élite de Israel ¿cómo te atreves a venir aquí a dar lecciones? La pregunta, que a su vez, les plantea Cristo los deja descolocados y su salida no puede ser más simple: No sabemos de dónde viene el bautismo que Juan realizaba ¿Vosotros sabios, doctores de la ley, no lo sabéis? Pues yo no os lo voy a decir. Cristo les pone en su lugar y deja al descubierto sus malas intenciones.
Y tú ¿Sabes de donde viene la autoridad de Cristo? Viene de su unión con el Padre, de ser Uno con Él y con el Espíritu Santo. La autoridad de Jesús en aquel momento se manifiesta en su negativa a responder a los que iban a por Él. Pero su autoridad tendría poco después otra manifestación más grande aún: Cuando desde lo alto de la Cruz dijo: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen".
D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro
