EL CRISTIANO ANTE LA FELICIDAD
junio 15, 2022
🔥 EL CRISTIANO ANTE LA FELICIDAD
▫️ Introducción
SIEMPRE SE HA DICHO que las bienaventuranzas son el diseño de la vida cristiana. Pero estaríamos equivocados si sólo viéramos en ellas un código moral o un manual de conducta. Las bienaventuranzas son mucho más. Por una parte, sugieren el espíritu que ha de animar a quien sigue a Jesús. Por otra, nos prometen aquello que más anhela nuestro corazón: felicidad. Todos llevamos en lo más hondo de nuestro ser un hambre insaciable de «algo» que llamamos felicidad. Por eso, cuando las escuchamos con atención y sencillez, las bienaventuranzas despiertan en nosotros un eco especial.
Siempre han proclamado los cristianos la grandeza de las bienaventuranzas. Se dice que son el «corazón del evangelio», la proclamación del reino de Dios, la síntesis de la fe cristiana. A pesar de todo, siempre he sospechado que son pocos los que llegan a intuir su mensaje y, menos aún, los que hacen de ellas el núcleo real de su vida.
🤷🏻♀️ Pero, ¿qué es la felicidad? ¿En qué consiste realmente? ¿Cómo alcanzarla? ¿Por qué caminos?
👀 Todos sabemos que no es fácil ser feliz. No se puede ser dichoso de cualquier manera. No basta conseguir lo que uno andaba buscando. No es suficiente satisfacer nuestros deseos. Cuando por fin conseguimos lo que tanto anhelábamos, casi siempre descubrimos que estamos de nuevo buscando «felicidad».
También es claro que la felicidad no se compra. Con dinero sólo se puede adquirir «apariencia de felicidad». Por eso hay tantas personas desdichadas en nuestras ciudades. Se compra placer, comodidad o bienestar. Pero, ¿cómo encontrar el gozo interior, la libertad, la experiencia de plenitud?
Nosotros hemos elaborado nuestras propias «bienaventuranzas». Suenan más o menos así. «Dichosos los que tienen dinero, los que se pueden comprar el último modelo Redmi, los que siempre triunfan, los que son aplaudidos, los que pueden disfrutar de la vida al máximo, los que son amados…». Las bienaventuranzas del evangelio ponen esta «felicidad» cabeza abajo. Según Jesús, estamos caminando justamente en dirección contraria.
💡 El camino acertado es otro.
Mientras tanto, está claro que nuestra vida es bastante desdichada: conflictos, confusión, malestar, nerviosismo, depresión, cansancio, miedos, aburrimiento, frustración. Mi pregunta es muy sencilla: ¿pueden las bienaventuranzas aportar algo a quien se siente infeliz y desdichado? ¿Son, tal vez, una hermosa teoría sin repercusión alguna en nuestras vidas? Es cierto que Jesús dijo: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10). Pero ¿significa esto algo real y concreto para nuestro vivir diario?
Tal vez, alguno se estará diciendo: todo esto está muy bien, pero un cristiano ¿ha de preocuparse de ser feliz? Para seguir fielmente a Jesús, ¿no es lo importante «tomar la cruz»?
Parece que «lo cristiano» no es buscar felicidad sino exigencia y abnegación. Ser cristiano, ¿no es, en definitiva, renunciar a la felicidad y vivir peor que los demás?
Es cierto que Blas Pascal decía que «nadie es tan feliz, como un cristiano auténtico», pero, ¿quién cree hoy esto? ¿Cuántos saben que lo que Jesús propone es un camino por el que se puede conocer una dicha nueva, una felicidad capaz de transformar desde ahora nuestras vidas? ¿Cuantos sospechan que lo primero que uno escucha cuando capta el mensaje de Jesús es una llamada a ser feliz? ¿Quién recuerda que los primeros cristianos percibieron en Jesús la «buena noticia» de un Dios capaz de «salvar» al ser humano de su desdicha?
Es muy raro en nuestros días oír predicar sobre la felicidad. Hace tiempo que ha desaparecido del horizonte de la teología. Se ha olvidado, al parecer, aquella explosión de gozo que se vivió en el origen del cristianismo y nos hemos quedado exclusivamente con las exigencias, la ley y el deber. La impresión global que dan los cristianos hoy es «la de una fe que estrecharía, angustiaría la vida del hombre, alienaría su acción y mataría su gozo de vivir».
La acusación de F. Nietzsche es, con frecuencia, cierta. No tenemos caras de «redimidos», parecemos «personas mas encadenadas que liberadas por su Dios».
Tal vez, uno de los fracasos más graves de la Iglesia sea el no saber presentar a Dios como amigo de la felicidad del ser humano. Sin embargo, estoy convencido de que el hombre contemporáneo sólo se interesará por Dios si intuye que puede ser fuente de felicidad.
~ Padre Jose Pagola


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