✨ *Vigilia para hacer en casita, especial para las personas que no han podido asistir. Tomen lápiz y cuaderno, para que se apoyen anotando lo que necesiten.* 🔥
👉🏻 *Comenzamos con canto:*
https://youtu.be/YpKl1b54xgA
Nosotros, como aquellos primeros discípulos del Señor que estaban encerrados por miedo a los judíos, también tenemos nuestras razones y miedos.
El Espíritu Santo vence al miedo, de modo que donde entra el Espíritu de Dios, expulsa el miedo. Nos hace sentir que estamos decididamente en manos del amor de Dios. Ejemplo de esto son tantos hombres y mujeres que han dado testimonio, han mostrado su valentía, ímpetu, franqueza a lo largo de la historia
🔥 ¡Ven Espíritu Santo, danos fe y acaba con nuestros miedos! 🔥
▪︎ Tengo miedo a la verdad y a causa de este miedo no quiero ver ni oír ni decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
▪︎ Tengo miedo al compromiso porque supone compartir, escuchar, y plantearme hacia donde se dirige mi vida.
▪︎ Me da miedo el mismo Espíritu de Dios, porque huele a vendaval, a fuego abierto, y estoy mejor tranquilito, moviéndome al dulce compás de la vida y de las cosas.
▪︎ Tengo miedo a …
¿A qué le tienes miedo?
Anotando y meditando 🙏🏻
https://youtu.be/dqVmw5gnq4k
▪︎ Dice el profeta Isaías hablando del Mesías: Se posará sobre él el espíritu del Señor, el espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, el espíritu de conocimiento y temor del Señor. (Is 11, 2)
▪︎ Nos cuenta el libro del Génesis sobre la creación de la mujer y el hombre: Entonces el Señor Dios lo modeló de arcilla del suelo, soplo en su nariz aliento de vida, y se convirtió en ser vivo. (Gn 2, 7-8)
▪︎ Dios siempre ha estado presente en la vida de las personas en todas sus situaciones, y se nos ha hecho presente en momentos en que ha habido dificultades, cuando el desánimo estaba presente.
▪︎ Nosotros como aquellos primeros discípulos tenemos miedo de muchas cosas y estamos “escondidos” ante la realidad de muchas de las situaciones que vivimos todos los días.
🔥 ¿Qué dones he recibido y qué puedo hacer con ellos?
https://youtu.be/wwEhW45wBkA
📖 *Lectura de la primera carta de Pablo a los Corintios (1 Cor 12, 3b-7. 12-13)*
Hermanos, nadie puede decir : “Jesús es Señor”, si no está bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu ; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor ; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en nosotros. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Por lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
🕯️ Se nos invita esta noche a que cada uno pensemos que dones ha recibido y que podemos hacer con ellos, porque lo importante en que estamos empleado todo eso y que frutos damos.
Mientras encendemos nuestra pequeña vela, reflexionamos y compartimos en que tengo que cambiar para mejorar y estar disponible para los demás. Es un momento de pedirle al Señor que nos alumbre para aventurarnos en la construcción de su Reino.
Pensemos en todo aquello que llevamos en el corazón:
¿A qué estoy dispuesto?
¿En qué tengo que cambiar para mejorar y estar disponible a los demás?
¿En qué estoy empleando los dones que recibo?
Necesito del Espíritu de Dios para no dejarme llevar por mi egoísmo.
Le pido al Espíritu de Dios que me ayude a ver a Jesús en los que me rodean.
Necesito del Espíritu de Dios para…
https://youtu.be/nFS0fs59UgE
🔥 *Recemos este salmo para culminar:*
En ti, Señor, he puesto mi confianza, mi esperanza ;
tu te has inclinado con ternura sobre mi,
has escuchado mi clamor y has acogido mi vida.
Te doy gracias de todo corazón ; me alegro contigo.
Señor, te bendigo y te doy gracias por el don del Espíritu ;
tu me empujas a proclamar la justicia entre los hombres,
me hacer capaz de decir “sí” a tu voluntad.
Te doy gracias de todo corazón ; me alegro contigo.
Que tu ternura, Señor, se derrame sobre mi vida ;
no permitas nunca que me avergüence de ti,
quiero, Señor, dar testimonio de tu bondad.
Te doy gracias de todo corazón ; me alegro contigo.
Que tu Espíritu, Señor me de fuerzas ;
quiero que tu verdad llegue hasta el corazón más pobre,
quiero que tu amor alcance al hombre perseguido y marginado.
Te doy gracias de todo corazón ; me alegro contigo.
Señor, hazme sensible a la acción de tu Espíritu ;
quiero luchar por la verdad, la justicia y el amor,
quiero ser luz que conduzca a la alegría y a la esperanza.
Te doy gracias de todo corazón ; me alegro contigo.
En ti mi corazón se goza y se alegra desde el fondo ;
con los que te buscan día y noche yo repito :
“¡Qué grande eres, Señor !”
Te doy gracias de todo corazón ; me alegro contigo.
🙏🏻 Padre nuestro...
https://youtu.be/iJijVL9_87c
🔥 *Pentecostés: llama viva del amor de Dios.*
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✨ Pero, ¿qué es la felicidad?
Todos buscamos ser felices, pero lo sorprendente es que no sabemos dar una respuesta clara cuando se nos pregunta en qué consiste la felicidad. Todos andamos tras ella, pero como observa Adela Cortina, «cada vez estamos más lejos de llegar a un acuerdo con respecto a su contenido».
De hecho, son muchas las palabras que empleamos para nombrar o sugerir la felicidad: dicha, suerte, fortuna, beatitud, ventura, bienaventuranza, bienestar, satisfacción, placer, alegría de vivir, gozo, calidad de vida. Esto significa que, probablemente, la felicidad puede ser confundida con muchas cosas que tienen algo que ver con ella, pero que, tal vez, no son propiamente felicidad. El problema esta en saber qué es, en definitiva, la felicidad, a qué nos referimos cuando hablamos de ella, qué es lo que hace feliz la vida.
Por lo pronto, podemos hacer dos observaciones. En primer lugar, la felicidad parece siempre algo muy subjetivo. No todos ponemos la felicidad en lo mismo. El contento o descontento de los individuos depende de factores muy diversos, y de gustos y necesidades muy variadas. Además, hay personas que parecen ser felices con cualquier cosa, mientras otras no disfrutan nunca con nada. Hay personas que saben saborear una «felicidad barata». Según S M Guyan «con un pedazo de pan, un libro o un paisaje, podéis gustar un placer infinitamente superior al de un imbécil en un coche tirado por cuatro caballos». El hecho es que todo el mundo busca ser feliz, aunque cada uno lo haga siguiendo su propio camino. Podemos hacernos una pregunta todos esos caminos, ¿no apuntarán hacia un objetivo común? ¿No habrá algo hacia donde todos hemos de dirigir nuestros pasos si queremos encontrar verdadera felicidad?
La segunda observación es que la felicidad parece estar casi siempre en «lo que nos falta», en algo que todavía no poseemos. Un enfermo sería feliz si pudiera recobrar la salud, para una persona sola y olvidada, la felicidad consistiría en encontrar un amigo o una amiga que supiera escucharla, al que se encuentra metido en conflictos y tensiones le haría feliz lograr la paz. La pregunta que hemos de hacer nos es sencilla. Si la felicidad parece estar siempre en lo que nos falta, ¿que es realmente lo que nos falta? ¿Qué necesitamos encontrar para ser felices?
Es aquí precisamente donde hemos de situar la llamada de Jesús y el mensaje de las bienaventuranzas En el evangelio se nos hace justamente la invitación a buscar «lo que nos falta» para ser felices. Y no es precisamente dinero, seguridad, placer. Las bienaventuranzas desenmascaran ciertas experiencias de «felicidad», que son parciales e insuficientes, y que, incluso, pueden cerrarnos a la verdadera felicidad que proviene de Dios y que es la que anuncia y promete Jesús.
Estoy convencido de que una persona esta a punto de tomar en serio a Jesús cuando intuye que en él puede encontrar precisamente «lo que le falta» para ser feliz con una felicidad mas real y verdadera.
✨ Todos buscamos felicidad
Es el primer dato. Todos buscamos ser felices. Jóvenes y adultos, pobres y ricos, personajes famosos y gentes desconocidas, todos andamos tras la felicidad. No sabemos cómo alcanzarla ni dónde puede estar, pero todos la buscamos. Allí donde encuentro a un hombre o una mujer, puedo estar seguro de que estoy ante alguien que busca exactamente lo mismo que yo: ser feliz.
El filósofo latino, Séneca escribió un pequeño tratado sobre la felicidad, titulado De vita beata, que comienza con estas conocidas palabras: «Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felices». El ser humano anda siempre tras la felicidad. Si no la tiene, la busca; si cree poseerla, trata de conservarla; si la pierde, se esfuerza por recuperarla. Y cuando renuncia a una determinada felicidad, siempre lo hace buscando otra de mayor interés.
Es conocida la reflexión de san Agustín en sus Confesiones: «¿No es la felicidad lo que buscan todos los hombres? ¿Hay uno solo que no la quiera?… Pero, ¿dónde la han conocido para quererla así? ¿Dónde la han visto para quererla de esa manera?… Apenas oímos pronunciar esta palabra, reconocemos que todos deseamos lo mismo… Si se pudiera interrogar a la vez a todos los hombres y preguntarles si quieren ser felices, todos responderían sin dudar que quieren serlo… El deseo de ser feliz no es sólo mío o de un número reducido de personas: todos, absolutamente todos, queremos ser felices. Unos piensan que encontrarán su felicidad de una manera, otros de otra. Pero todos están de acuerdo en un punto: todos quieren ser felices».
Pero no necesitamos pensar en lo que han dicho otros. Basta que observemos nuestra vida. Constantemente estamos haciendo todos esa especie de «balance vital» del que habla Julián Marías. De manera callada, siempre estamos captando cómo nos encontramos: «Me siento bien o me siento mal», «me encuentro mejor o me encuentro peor». Siempre estamos viviendo con un tono determinado, y siempre estamos buscando «sentirnos bien».
El mismo Julián Marías hace unas observaciones sobre «el despertar», que arrojan mucha luz. Cada mañana nos despertamos a un nuevo día, al trabajo, a la actividad, a la tarea que hemos de llevar a cabo. Todo esto es cierto. Pero, si ahondamos un poco, comprobaremos que cada mañana nos despertamos a la felicidad o a la infelicidad. Detrás de todas las ocupaciones, experiencias o acontecimientos que nos esperan y, como fondo de todo, percibimos felicidad o infelicidad.
Por eso, hay como dos maneras de despertarse. Cuando percibimos un horizonte de felicidad, lo hacemos con un «sí» a la vida, dispuestos a alimentar y disfrutar esa felicidad más o menos intensa que experimentamos. Cuando, por el contrario, captamos que nos espera infelicidad, nos despertamos de otra manera, en una postura defensiva o de resignación y buscando algo que nos ayude a sentirnos mejor.
🔥 A los cristianos se nos olvida a veces que el evangelio es una respuesta a ese anhelo profundo de felicidad que habita nuestro corazón. No acertamos a ver en Cristo a alguien que promete felicidad y conduce hacia ella. No terminamos de creernos que las bienaventuranzas, antes que exigencia moral, son anuncio de felicidad. En la historia del cristianismo se ha ido abriendo una distancia grande entre la felicidad concreta y actual de las personas y la salvación eterna. Se tiende a pensar que la fe es algo que tiene que ver exclusivamente con una salvación futura y lejana, pero no con la felicidad concreta de cada día, que es la que ahora mismo nos interesa. Este grave malentendido es, tal vez, uno de los mayores obstáculos que encuentran hoy bastantes personas para abrirse al evangelio. La cultura moderna ha nacido con la sospecha de que Dios es enemigo de la felicidad. F Nietzsche, K Marx, S Freud y demás creadores de la cultura actual han sospechado, desde análisis diferentes, que la religión no busca la felicidad del ser humano sino su desdicha. Esta sospecha se ha extendido de tal forma que hoy son muchos los que piensan, a veces sin atreverse a decirlo en voz alta, que la religión es un fastidio. Un estorbo para vivir la vida intensamente y con libertad. En el corazón de no pocos anida la sospecha de que sin Dios y sin religión seríamos más felices.
Los hombres y mujeres de hoy seguirán alejándose de la fe mientras no descubran que Dios sólo busca nuestra felicidad y que la busca desde ahora. Que Dios es sólo salvador, y salvador de nuestra felicidad ahora y para siempre. A Tony de Mello dijo en cierta ocasión que los cristianos nos hemos preguntado mucho si hay vida después de la muerte. Según él, ha llegado la hora de que nos preguntemos también si la fe proporciona vida antes de la muerte.
Las bienaventuranzas nos ayudan a descubrir de manera concreta el camino a seguir para encontrar y disfrutar la felicidad vivida y experimentada por el mismo Jesús: «Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté dentro de vosotros y vuestra alegría sea completa» (Jn 15,11). El camino diseñado en las bienaventuranzas nos puede hacer conocer la felicidad vivida por el mismo Jesús. Sólo así alcanzan su plenitud nuestras pequeñas alegrías.
🔥 EL CRISTIANO ANTE LA FELICIDAD
▫️ Introducción
SIEMPRE SE HA DICHO que las bienaventuranzas son el diseño de la vida cristiana. Pero estaríamos equivocados si sólo viéramos en ellas un código moral o un manual de conducta. Las bienaventuranzas son mucho más. Por una parte, sugieren el espíritu que ha de animar a quien sigue a Jesús. Por otra, nos prometen aquello que más anhela nuestro corazón: felicidad. Todos llevamos en lo más hondo de nuestro ser un hambre insaciable de «algo» que llamamos felicidad. Por eso, cuando las escuchamos con atención y sencillez, las bienaventuranzas despiertan en nosotros un eco especial.
Siempre han proclamado los cristianos la grandeza de las bienaventuranzas. Se dice que son el «corazón del evangelio», la proclamación del reino de Dios, la síntesis de la fe cristiana. A pesar de todo, siempre he sospechado que son pocos los que llegan a intuir su mensaje y, menos aún, los que hacen de ellas el núcleo real de su vida.
🤷🏻♀️ Pero, ¿qué es la felicidad? ¿En qué consiste realmente? ¿Cómo alcanzarla? ¿Por qué caminos?
👀 Todos sabemos que no es fácil ser feliz. No se puede ser dichoso de cualquier manera. No basta conseguir lo que uno andaba buscando. No es suficiente satisfacer nuestros deseos. Cuando por fin conseguimos lo que tanto anhelábamos, casi siempre descubrimos que estamos de nuevo buscando «felicidad».
También es claro que la felicidad no se compra. Con dinero sólo se puede adquirir «apariencia de felicidad». Por eso hay tantas personas desdichadas en nuestras ciudades. Se compra placer, comodidad o bienestar. Pero, ¿cómo encontrar el gozo interior, la libertad, la experiencia de plenitud?
Nosotros hemos elaborado nuestras propias «bienaventuranzas». Suenan más o menos así. «Dichosos los que tienen dinero, los que se pueden comprar el último modelo Redmi, los que siempre triunfan, los que son aplaudidos, los que pueden disfrutar de la vida al máximo, los que son amados…». Las bienaventuranzas del evangelio ponen esta «felicidad» cabeza abajo. Según Jesús, estamos caminando justamente en dirección contraria.
💡 El camino acertado es otro.
Mientras tanto, está claro que nuestra vida es bastante desdichada: conflictos, confusión, malestar, nerviosismo, depresión, cansancio, miedos, aburrimiento, frustración. Mi pregunta es muy sencilla: ¿pueden las bienaventuranzas aportar algo a quien se siente infeliz y desdichado? ¿Son, tal vez, una hermosa teoría sin repercusión alguna en nuestras vidas? Es cierto que Jesús dijo: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10). Pero ¿significa esto algo real y concreto para nuestro vivir diario?
Tal vez, alguno se estará diciendo: todo esto está muy bien, pero un cristiano ¿ha de preocuparse de ser feliz? Para seguir fielmente a Jesús, ¿no es lo importante «tomar la cruz»?
Parece que «lo cristiano» no es buscar felicidad sino exigencia y abnegación. Ser cristiano, ¿no es, en definitiva, renunciar a la felicidad y vivir peor que los demás?
Es cierto que Blas Pascal decía que «nadie es tan feliz, como un cristiano auténtico», pero, ¿quién cree hoy esto? ¿Cuántos saben que lo que Jesús propone es un camino por el que se puede conocer una dicha nueva, una felicidad capaz de transformar desde ahora nuestras vidas? ¿Cuantos sospechan que lo primero que uno escucha cuando capta el mensaje de Jesús es una llamada a ser feliz? ¿Quién recuerda que los primeros cristianos percibieron en Jesús la «buena noticia» de un Dios capaz de «salvar» al ser humano de su desdicha?
Es muy raro en nuestros días oír predicar sobre la felicidad. Hace tiempo que ha desaparecido del horizonte de la teología. Se ha olvidado, al parecer, aquella explosión de gozo que se vivió en el origen del cristianismo y nos hemos quedado exclusivamente con las exigencias, la ley y el deber. La impresión global que dan los cristianos hoy es «la de una fe que estrecharía, angustiaría la vida del hombre, alienaría su acción y mataría su gozo de vivir».
La acusación de F. Nietzsche es, con frecuencia, cierta. No tenemos caras de «redimidos», parecemos «personas mas encadenadas que liberadas por su Dios».
Tal vez, uno de los fracasos más graves de la Iglesia sea el no saber presentar a Dios como amigo de la felicidad del ser humano. Sin embargo, estoy convencido de que el hombre contemporáneo sólo se interesará por Dios si intuye que puede ser fuente de felicidad.
~ Padre Jose Pagola
👨🏻🦳👨🏻🔥 Santísima Trinidad
🕯️ Oración introductoria
Señor, no puedo llenarme de Ti, de tu verdad plena, si estoy lleno de mí mismo. Quiero dejar a un lado mis angustias, mis problemas, mis anhelos vanidosos y egoístas para guardar ese silencio interior necesario para escucharte. Ven, Espíritu de verdad, que tu luz ilumine mi oración.
🙏🏻 Petición
Santísima Trinidad, convénceme que necesito crecer y profundizar en mi fe, para que esta abarque todas las dimensiones de mi vida.
🔥 Meditación del Papa emérito Benedicto XVI
Es falso el prejuicio de ciertos pensadores modernos según los cuales la razón humana estaría como bloqueada por los dogmas de la fe. Es verdad exactamente lo contrario, como han demostrado los grandes maestros de la tradición católica. San Agustín, antes de su conversión, busca con gran inquietud la verdad a través de todas las filosofías disponibles, hallándolas todas insatisfactorias. Su fatigosa búsqueda racional es para él una pedagogía significativa para el encuentro con la Verdad de Cristo. Cuando dice: “comprende para creer y cree para comprender”, es como si relatara su propia experiencia de vida. Intelecto y fe, ante la divina Revelación, no son extraños o antagonistas, sino que ambos son condición para comprender su sentido, para recibir su mensaje auténtico, acercándose al umbral del misterio. San Agustín, junto a muchos otros autores cristianos, es testigo de una fe que se ejercita con la razón, que piensa e invita a pensar. (Benedicto XVI, 21 de noviembre de 2012).
🕯️ Reflexión:
Santa Juana de Arco llegó a decir en un momento: sí, Dios es tan grande que supera nuestra ciencia. Y qué bien se presta esta frase porque estamos ante un misterio que supera realmente nuestra ciencia y nuestra capacidad de entendimiento humano. El misterio de la Santísima Trinidad, tres personas y un solo Dios. Como aprendimos en el catecismo desde pequeños, el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. Un Dios y tres personas distintas.
San Patricio, misionero que llevó la palabra de Jesucristo al país de Irlanda solía explicar este misterio de nuestra fe comparándolo con un trébol. Cada hoja del trébol es diversa y sin embargo las tres forman el trébol. No podríamos llegar a decir que es un trébol si faltase una de ellas. Lo mismo con la Trinidad, cada persona de la Trinidad es diversa, cada persona es Dios y sin embargo las tres forman lo que llamamos la Santísima trinidad. Por eso, aunque se juntaran los sabios más grandes que ha habido en todos los tiempos jamás nos lo podrían hacer entender plenamente. También se dice que un día san Agustín caminaba por la playa y al ver a un niño que excavaba un agujero en la arena le preguntó:
-Pero, ¿qué pretendes hacer? El niño le respondió ilusionado:
-Pienso meter toda el agua en este hoyo.
-Pero ¡¿no te das cuenta que es imposible?! Le contestó san Agustín. Entonces el niño, que ya sabía en las elucubraciones de Agustín le contestó:
-Es más posible meter toda el agua del mar en este agujero que intentar meter el misterio de la Trinidad en tu cabeza.
Sin embargo, aunque no entendamos estos misterios no la razón, contamos con la fe que nos ayudará a aceptar esta grandeza de Dios que sobrepasa nuestro entendimiento. Ya decía un santo que a Dios no lo vamos a entender, lo vamos a aceptar. Aceptemos por tanto la grandeza de nuestro creador y que este evangelio nos sirva para reconocernos como criaturas cada vez que digamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
La Santísima Trinidad es el misterio del amor de Dios; del amor más puro y más hermoso del universo. Más aún, es la revelación de un Dios que es el Amor en Persona, según la maravillosa definición que nos hizo san Juan: “Dios es Amor” (I Jn 4, 8). Siempre que nos habla de Sí mismo, se expresa con el lenguaje bello del amor humano. Todo el Antiguo y el Nuevo Testamento son testigos de ello. Dios se compara al amor de un padre bueno y a la ternura de la más dulce de las madres; al amor de un esposo tierno y fiel, de un amigo o de un hermano. Y en el Evangelio, Jesús nos revela a un Padre infinitamente cariñoso y misericordioso: ¡Con qué tonos tan estupendos nos habló siempre de Él! El Buen Pastor que carga en sus hombros a la oveja perdida; el Padre bueno que hace salir su sol sobre justos e injustos, que viste de esplendor a las flores del campo y alimenta a los pajarillos del cielo; el Rey que da a su hijo único y lo entrega a la muerte por salvar a su pueblo; o esa maravillosa parábola del hijo pródigo, que nos revela más bien al Padre de las misericordias, “al padre con corazón de madre” -como ha escrito un autor contemporáneo–, con entrañas de ternura y delicadeza infinita.
🗣️ Diálogo con Cristo
Señor, éste es el misterio del amor más bello, el misterio de la Santísima Trinidad: las tres Personas divinas que viven en esa unión íntima e infinita de amor; un amor que es comunión y que se difunde hacia nosotros como donación de todo tu Ser. Y porque nos amas, buscas hacernos partícipes de tu misma vida divina: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y en él haremos nuestra morada” (Jn 14, 23). Y también porque nos amas, buscas el bien supremo de nuestra alma: la salvación eterna. ¡Éste es el núcleo del misterio trinitario!
🙋🏻♀️ Propósito
Ojalá que todas las veces que nos persignemos y digamos: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, lo hagamos con más atención, nos acordemos de que Dios es Amor y de que nos ama infinitamente; agradezcamos ese amor y vivamos llenos de confianza, de alegría y de felicidad al sabernos sus hijos muy amados. Y, en consecuencia, tratemos de dar a conocer también a los demás este amor de Dios a través de la caridad hacia nuestros prójimos: “Todo el que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es Amor”.






