abril 27, 2022


  ✨ Libertad frente a la ley

🕐 Tiempo de lectura: 6 min.


  En tiempos de Jesús es la ley de Moisés la que sostiene, y da su verdadera estructuración a la sociedad judía. Esta ley es expresión de la voluntad de Dios y, por lo tanto, la norma intocable que nadie puede discutir. Se la puede interpretar, se la puede eludir de mil maneras, pero no se la puede alterar. Es la estructura fundamental, de origen divino, que da sentido a la vida del pueblo judío.


  Sin embargo, Jesús se siente libre incluso ante la ley. Y es esta libertad de Jesús frente a la ley la más sorprendente, la más discutida y la que provocará las reacciones más violentas. La conducta libre de Jesús, que hemos venido estudiando, alcanza un significado mucho más profundo, cuando observamos que Jesús ha buscado la voluntad de Dios con una libertad que trasciende la misma ley de Moisés.


🔸  La superación de la ley


  Ciertamente, Jesús no ha sido un hombre empeñado obsesionadamente en llevar a cabo una campaña contra la ley, pero podemos decir que para Jesús la ley «ya no era algo central» (C. H. Dodd), no constituía la norma absoluta que debe dictar el comportamiento de los hombres.


  Jesús no promulgará un nuevo código de leyes, no enseñará una nueva teoría de la ley al estilo de los rabinos. Jesús, en una actitud de búsqueda filial de la voluntad del Padre, se entregará a servir a los hombres con una libertad que pone en crisis radicalmente la función absoluta que se le hacía desempeñar a esa ley en la sociedad judía.


  Con su actitud sorprendente y escandalosa, Jesús pretende conferir a la ley su verdadero sentido. La conducta de Jesús nos descubre que para él la ley tiene valor y sentido en la medida en que está al servicio de los hombres. «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 27).


  Por eso, Jesús se atreve a modificar la ley cuando descubre que no representa ni coincide con la voluntad originaria de Dios que es el bien del hombre. De esta manera, suprime el repudio judío (Mc 10, 1-12), dando a la vida matrimonial una orientación nueva y original tal que el mismo Pablo, al escribir a los corintios hacia el año 57, les dirá que se trata de «un precepto del Señor» (1 Co 7, 10).


  Asimismo, Jesús adoptará ante las leyes rituales judías una actitud tal que no es solamente una crítica a las tradiciones fariseas, sino una anulación de la misma ley de Moisés (Lv 11; Dt 14, 3-21).


  «Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda hacerle impuro; sino lo que sale del hombre, eso es lo que hace impuro al hombre» (Mc 7, 15). Nos encontramos aquí ante una libertad nueva frente a la ley. W. Trilling, recogiendo el sentir de muchos autores, se expresa así: «Aquí, evidentemente, se presenta una ley nueva, según la cual habrá que decidir de ahora en adelante qué es lo que debe considerarse como limpio, y qué es lo que debe considerarse como inmundo».


  Todas estas leyes rituales han perdido ya su sentido para nosotros y, en consecuencia, difícilmente podemos apreciar el carácter revolucionario de la actitud de Jesús. Sin embargo, en aquella sociedad judía, la postura de Jesús suponía un ataque frontal a la ley y a la concepción esencial del culto judío. «Un hombre que niega que la impureza exterior puede penetrar en el ser esencial de la persona, está atacando los presupuestos y la letra de la Torá y la autoridad de Moisés. Esto significa poner en cuestión los presupuestos de toda la concepción clásica del culto con su sistema sacrificial y expiatorio» (E. Kasemann).


🔸  Búsqueda del camino de Dios con libertad


  Jesús no ajusta su conducta a unas normas prescritas. «No se pierde tampoco en una casuística minuciosa y sin corazón» (L. Boff). Es cierto que Jesús escucha la tradición y atiende a la ley verdadera voluntad del Padre, en medio de la vida concreta.


  Por encima y más allá de las exigencias de la ley, Jesús piensa en las exigencias de un Dios que busca y quiere al hombre entero. Jesús se coloca no ante una ley, sino ante un Padre. Su vida solamente se entiende desde esta perspectiva. Su objetivo no es el de satisfacer las exigencias de una ley exterior, escrita en unas tablas de piedra, sino ser totalmente fiel y obediente al Padre que ama y busca la liberación de todo hombre. Su preocupación última no es cumplir con precisión la ley del sábado, sino «hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla» (Mc 3, 1-5).


  Así se explica su radicalidad. Según Jesús, la exigencia del Padre es radical, absoluta, total. En cada situación se le pide al hombre una decisión total por el bien del hermano. Para ser obediente al Padre no basta no matar; es necesario liberarnos de la cólera hacia el otro. No es suficiente no cometer adulterio; hay que respetar a la esposa del hermano desde lo más íntimo de nuestro ser. No basta amar a los amigos. Hay que saber perdonar a los enemigos (Mt 5, 21-48). Es decir, no basta guardar los talentos dentro del marco seguro de una observancia minuciosa de la ley (Mt 25, 14-30; Lc 19, 12-27). Jesús se arriesga a realizar el bien aun violando la letra de la ley, con tal de no defraudar las exigencias profundas del Padre.


  «Jesús, con su postura soberana frente a la ley veterotestamentaria, en lugar de innumerables mandamientos particulares interpretados casuísticamente, coloca lapidaria y llanamente la voluntad de Dios que exige al hombre todo, al hombre indiviso en sentimientos y hechos» (A. Vógtle).


  Por eso, la libertad de Jesús frente a la ley no es la falsa libertad del pecador que desprecia la voluntad de Dios y la elude colocándose fuera de ella. Al contrario, es la libertad de un hombre que busca no la sujeción ciega a la ley, sino la obediencia total al Padre (cfr. Jn 4, 34).


🔸  El desafío a la religión oficial


  Jesús obedece fielmente a un Dios que no corresponde a las representaciones, los esquemas y deseos de la religión oficial judía. Jesús los desconcierta, los inquieta y los escandaliza porque junto al Padre de los cielos, que ama sin fin a todos los hombres, no admite como legislador ni juez supremo a ningún otro dios.


  Jesús no obedece al Dios de la ley que sostiene y justifica toda la institución judía, sino al Dios del amor que se preocupa de todos los hombres. Por eso, Jesús con su libertad desafía y pone en cuestión todo el sistema judío en su mismo fundamento. Con su palabra y su comportamiento se constituye en conflicto permanente con la institución judía.


  Los defensores de la institución no soportaron la libertad de Jesús. No aceptaron su crítica a aquella religión intolerante y opresora. No permitieron sus ataques a la interpretación legalista de la vida, aparentemente piadosa pero en definitiva inhumana. No creyeron en el Dios del amor y del perdón. No se atrevieron a abandonar al Dios de la ley. Y en nombre de ese Dios y en nombre de esa ley ejecutaron a Jesús, el hombre que se había atrevido a vivir con libertad. El hombre que había anunciado el reinado de Dios en la vida humana. Un Dios que no puede ser encerrado en unas leyes, en unos ritos, en una religión, en una ideología. Un Dios que necesita tanto espacio, tanto horizonte, tanta apertura y amplitud como el amor.

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