La acción de gracias y glorificación del Padre

mayo 07, 2022


 ✨ La acción de gracias y glorificación del Padre


   La oración de Jesús es diálogo íntimo con el Padre, adhesión fiel a su voluntad, petición humilde y confiada, es una oración eucarística, es acción de gracias al Padre. A lo largo de su vida, Jesús no puede menos de prorrumpir en un grito de alegría y acción de gracias al Padre. El reino de Dios llega a la tierra y la buena noticia es anunciada a los pobres, a los pequeños. La atención de Jesús no se detiene tanto en el pasado, en lo que Yahveh hizo por el pueblo, sino en el presente.


  La acción de gracias de Jesús al Padre nace en primer lugar del hecho de que descubre en medio de los acontecimientos de su vida la presencia y la actividad amorosa del Padre. «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito» (Lc 10, 21). Jesús vive agradecido al Padre que actúa en él y por medio de él. S. Juan, más tarde, pondrá en boca de Jesús: «El Padre que permanece en mí es el que realiza las obras» (Jn 14, 10). No es, pues, extraño que el mismo S. Juan nos presente a Jesús, consciente de esta presencia activa del Padre, orando agradecido a Dios, aun antes de resucitar a Lázaro: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas» (Jn 11, 41-42).


  Jesús ha vivido su vida preocupado por la gloria del Padre. En el evangelio de S. Juan queda resumida toda su vida así: «Yo te he glorificado en la tierra llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar» (Jn 17, 4). Es normal que también su oración haya sido una búsqueda de la gloria del Padre. Así nos lo presenta S. Juan ante la cruz: «Ahora, mi alma está turbada y ¿qué voy a decir? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si he llegado a esta hora para esto. Padre, glorifica tu nombre» (Jn 12, 27). No es extraño que al querer enseñar a sus discípulos cómo tienen que orar, le haya nacido a Jesús del corazón esta primera petición: «Padre, santificado sea tu nombre».


  El nombre de Dios es santificado cuando su reino viene a los hombres, y el reino de Dios llega hasta nosotros cuando la voluntad de Dios se hace sobre la tierra. Así dice la oración cristiana: «Padre, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad». Podemos estar seguros de que estas peticiones han llenado las horas y las noches de oración que Jesús ha pasado en diálogo con su Padre, glorificándole desde la tierra.

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