Una realidad que acontece entre nosotros

mayo 11, 2022

 

✨ Una realidad que acontece entre nosotros


  La expresión, tan frecuente en Mateo, de reino de los cielos, no significa el cielo, lugar de recompensa y disfrute eterno con Dios, sino que es una expresión para designar el reino de Dios, evitando el nombre divino de Yahveh. Es necesario tener esto muy presente para no deformar el sentido de muchas expresiones evangélicas (v. gr. Mt 5, 3. 20; 7, 21; 18, 1-3; 19, 12; 19, 23-24).


  El reino de Dios que anuncia Jesús no es algo ultramundano, que se realizará un día, en la otra vida, en el más allá. Es algo que acontece ahora, que está ya en marcha entre nosotros (Mt 12, 28 = Lc 11, 20; 17, 21). Es cierto que no se realizará de forma plena y definitiva sino en el futuro de Dios, pero el proceso del reino de Dios, el crecimiento, la lucha por el reino tiene lugar ahora, entre los hombres, en el seno de la sociedad humana.


  Es totalmente falso entender el mensaje de Jesús como una llamada a vivir esta vida haciendo méritos para alcanzar un día el reino de los cielos. Esta visión de la fe cristiana es paralizadora y contraria a la dinámica que Jesús quiere introducir en la historia de los hombres. A partir de una concepción ultramundana del reino de Dios, fácilmente se reduce la fe cristiana a unos actos religiosos y a unas prácticas que le preparan al individuo para el cielo, pero que están al margen de la vida, las luchas y los afanes de la vida. Entonces, se pierde el valor de esta vida terrestre y ya no se entiende la historia «como camino de liberación y de justicia donde el reino se anuncia y se realiza inicialmente». Como dice muy bien X. Pikaza: «Este mundo no es una sala de espera del reino de Dios. Ni tampoco el reino de Dios mismo. Pero es el campo de batalla y el solar de construcción del reino que viene del mismo Dios a la tierra».


  Cuando pedimos: «Venga a nosotros tu reino», pedimos que el futuro de Dios se vaya haciendo realidad entre nosotros, que la justicia del reino de Dios se vaya imponiendo ya desde ahora. Así ve M. Machovec la fe de los primeros creyentes: «Una orientación comprometida hacia un futuro que no se espera pasivamente, desde lejos, sino que se busca como algo querido, actual, como valor de la vida humana, como liberación interior, como fuerza, como fe, para usar el término de los primeros cristianos. Mediante este cambio, mediante esta conversión, un grupo de simples descontentos, un grupo de soñadores de un fin quiliástico de la historia, se convirtieron en los primeros creyentes de Jesús».


  No hemos entendido a Jesús si no nos sentimos llamados desde ahora a entrar en un proceso de cambio y transformación de la sociedad humana. No hemos escuchado su mensaje, si no entendemos la vida y la historia de los hombre toda injusticia incompatible con el reinado de Dios en los hombres. No hemos escuchado a Jesús si no nos encontramos comprometidos en ninguna acción transformadora del mundo actual.


  La pregunta que nos tenemos que hacer no es: «¿Entraré un día en el reino de los cielos?», sino «¿he entrado en la dinámica del reino de Dios?».

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