La alternativa de Jesús
mayo 09, 2022
✨ La alternativa de Jesús
🕐 Tiempo de lectura: 6 minutos, adicional al tiempo que lleve la reflexion personal al final.
Sin temor a equivocarnos, podemos decir que la causa a la que Jesús dedicó su tiempo, sus fuerzas y todo su ser fue el reino de Dios entre los hombres. La venida del reino de Dios está en el corazón de su pensamiento y de toda su actuación. Es el núcleo central de toda su predicación, la convicción más profunda, la pasión que anima toda su vida, el eje de toda su actividad. No está equivocado Marcos cuando, con su lenguaje propio, resume así la predicación de Jesús: «Proclamaba la buena noticia de Dios: El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la buena noticia» (Mc 1, 14-15; cfr. Mt 4, 17). Es indudable que Jesús entendió su misión como proclamación y servicio al reino de Dios.
Este hecho tiene unas implicaciones que, con frecuencia, son olvidadas por los creyentes:
• Todo el mensaje y la actividad de Jesús está al servicio del reino de Dios y obtiene su sentido desde ahí. Todo está subordinado a la idea del reino de Dios y todo adquiere su unidad, su verdadero significado y su fuerza apasionante desde esta realidad del reino. Esto quiere decir que la venida del reino de Dios nos ofrece la clave del sentido que Jesús dio a su vida y el proyecto que él quería ver realizado entre los hombres. Si no comprendemos el contenido del reino de Dios y no descubrimos la fuerza y el atractivo de su llamada, corremos el riesgo de no comprender gran cosa de Jesús. Una comprensión deficiente, falsa o parcial del reino de Dios nos conduciría a una visión deficiente, falsa y parcial de nuestra fe cristiana.
• Jesús directamente predica el reino de Dios y no a sí mismo. Lo que para él ocupa el punto central no es su persona, sino la misión a la que se siente llamado. No se anuncia a sí mismo. No está en primer plano. «Es verdad, y no tenemos por qué ocultarlo, que Jesús proclama el reino de Dios y no a sí mismo. El hombre Jesús es el hombre auténtico (en absoluto) precisamente porque, volcándose en Dios y en el hombre necesitado de salvación, se olvida de sí mismo y existe únicamente en este olvido» (K. Rahner). Esto quiere decir que para comprender a Jesús hay que partir de algo distinto a él, es decir, del reino de Dios a cuyo servicio vive entregado. Más aún. Puesto que Jesús es «servicio al reino de Dios», el encuentro con él sólo es posible en esa actitud de servicio al reino. Creer en Cristo no es simplemente aclamarlo cultualmente y adorarlo como Señor, sino seguirle en su servicio y entrega al reino de Dios, creer en la causa de Dios como él creyó, luchar por lo que él luchó, esperar la liberación que él esperó y alcanzó. «No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7, 21; Lc 6, 46).
• Jesús no habló simplemente de Dios, sino del reino de Dios. No fue un teólogo dedicado a exponer teóricamente una doctrina de Dios, sino un profeta entregado a anunciar la causa de Dios entre los hombres. Jesús no ha pedido que se comprenda mejor la esencia de Dios. Ha buscado con todas sus fuerzas que Dios sea acogido entre los hombres y se imponga su reinado. Este reino de Dios es el valor absoluto al cual todo debe ser sacrificado. La fe cristiana no consiste en la aceptación teórica de una determinada concepción de Dios. Lo que especifica primariamente al cristiano no es una determinada idea de Dios, distinta de otras, sino la búsqueda del reino de Dios, y la justicia, la fraternidad y la liberación que implica. «Buscad primero su reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura» (Mt 6, 33). Esto no significa minimizar o quitar importancia a lo demás, sino situarse en la perspectiva exacta, y adoptar la debida actitud ante Dios.
Jesús se dejó penetrar con tal fuerza por la realidad del reino de Dios que su fe resultó contagiosa para los que le escuchaban. Es indudable que el mensaje y la actuación de Jesús tenían algo de nuevo, peculiar, apasionante para los discípulos. El reino de Dios tenía algo atrayente y fascinante en los labios y los gestos de Jesús. Una noticia nueva y sorprendente: «El futuro es de Dios. No hay que temer. Algo grande se ha puesto en marcha. Dios se abre camino en la historia de los hombres. Hay futuro para todos. Dios está cerca. Es posible cambiar y ser distintos. Siempre se puede empezar. Siempre nos podemos levantar. Tiene sentido buscar una justicia imposible, una liberación inalcanzable. Se acerca el reino de Dios y su justicia. Tienen suerte los pobres, los que no tienen sitio en la sociedad humana, los que no tienen nada que esperar de la vida. Creed esta buena noticia».
Jesús presenta el reino de Dios como una alternativa apasionante, como un reto a nuestros miedos y esperanzas, como una exigencia decisiva, como una esperanza capaz de abrirnos creadoramente al futuro. Para los que escuchan a Jesús, la venida del reino de Dios tal como él la anunciaba era una buena noticia.
Sin embargo, el lenguaje de Jesús sobre el reino de Dios resulta ambiguo o vacío de sentido para la mayoría de nuestros contemporáneos. Las imágenes y los símbolos empleados por Jesús no son fácilmente accesibles al hombre de hoy. Los cristianos corremos el riesgo deplorable de seguir usando imágenes, símbolos y mitos que no sugieren nada y que están vacíos de contenido incluso para nosotros mismos. ¿Qué pedimos cuando oramos: «Venga a nosotros tu reino»?
¿Cómo pudo Jesús entusiasmar a sus oyentes? ¿Cómo puede ser Jesús hoy buena noticia para los hombres? «Una buena noticia se refiere a un acontecimiento feliz que no es todavía conocido, aunque todo el mundo lo espera y lo busca» (J. Potin). ¿Ha anunciado y ofrecido Jesús algo que todavía no es conocido por los hombres pero que, en el fondo, esperan y buscan? La realidad que se encierra detrás de este lenguaje del «reino de Dios» ¿puede ser todavía hoy una buena noticia?


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