La oración al Padre
mayo 06, 2022
✨ Petición humilde al Padre
La oración de Jesús ha sido también una petición humilde al Padre. ¿Qué ha pedido Jesús al Padre? ¿Por quiénes ha pedido?
Jesús ha pedido en primer lugar por sus discípulos, por sus amigos, por aquellos hombres con los que comparte su vida. Probablemente, antes de su elección, antes del episodio de Cesárea de Filipo, Jesús oraba por ellos (Lc 3, 21-22). Es legítimo pensar así pues más tarde Jesús descubrirá que en su oración silenciosa al Padre están presentes los problemas y las dificultades de sus discípulos. «Simón, Simón. Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo, pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca» (Lc 22, 31).
Cuando más tarde S. Juan nos quiere descubrir esta oración de Cristo por sus discípulos, nos presenta a Jesús pidiendo para que no queden huérfanos en el mundo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado» (Jn 17, 11); que vivan en la unidad: «Que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí y yo en ti» (Jn 17, 21); que se vean libres del mal: «No te pido que los retires del mundo sino que los guardes del mal» (Jn 17, 15); que vivan en la verdad: «Conságralos en la verdad. Tu palabra es la verdad» (Jn 17, 17); que vivian en la alegría: «Te digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada» (Jn 17, 13); que alcancen la salvación: «Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para que contemplen mi gloria» (Jn 17, 24). En una palabra, Jesús pide para los suyos, el reino del Padre: reino del amor y la unidad, reino de la verdad, reino de salvación.
Pero la oración de Jesús no se limita a los suyos. La actitud de Jesús es amplia: «No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que por medio de su palabra creerán en mí» (Jn 17, 20). Según S. Juan, Cristo ora por su Iglesia, por la unidad de los creyentes; ora «para que el mundo crea» (Jn 17, 21). Esta oración amplia de Jesús se extiende a sus enemigos. Entonces la oración se convierte en perdón: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). Un cristiano debe saber que orar como Jesús exige esta actitud de perdón: «Yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen» (Mt 5, 44).
¿Ha pedido Jesús por sí mismo? Según S. Juan, Jesús ha pedido para sí mismo la glorificación, la resurrección. «Así habló Jesús y alzando los ojos al cielo dijo: “Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique… Ahora, Padre, glorifícame, tú, junto a ti, con la gloria que tenía junto a ti antes de que el mundo fuese”» (Jn 17, 1. 5).
Esto no contradice la información sinóptica. Según los sinópticos, ante la cruz, Jesús pide que se haga la voluntad del Padre y no la suya, pero esto no impide que al mismo tiempo, con todas sus fuerzas, llorando y gritando exprese al Padre sus deseos de verse libre de la muerte (Mc 14, 36).
Y Jesús será escuchado en esta oración. No es que Dios va a librar a Jesús de la cruz, sino que el Padre le arrancará del poder de la muerte. Así dirá S. Pedro: «Cristo no fue abandonado en el Sheol ni su carne experimentó la corrupción. A este Jesús, Dios le resucitó» (Hch 2, 31-32). Jesús ha sido escuchado por el Padre en un sentido mucho más profundo del que aparecía en su oración. «Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció, tuvo que aprender por experiencia qué es la obediencia y llegado a la perfección, se convirtió en principio de salvación eterna para todos los que le obedecen» (Hb 5, 7-9).
Al expresar ante el Padre sus deseos, el cristiano debe saber que siempre nuestra petición es escuchada, muchas veces, de una manera mucho más profunda, real y verdadera de lo que nosotros podemos captar. «Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá» (Lc 11, 10).


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